VolverJusto Molinero: "Aprendí la letra del himno andaluz en Catalunya".
El dueño del Grupo Tele-Taxi asegura que este año no se celebrará el festival de Can Zam y desmiente que haya tenido que superar un cáncer de páncreas.
Albert Domènech - Santa Coloma de Gramenet. La Vanguardia.es, 3/3/2010.
La historia de Justo Molinero da para escribir un libro, como mínimo. No se preocupen, no seré yo quien lo haga, al menos por ahora ya que tengo bastante trabajo, pero la verdad es que este comunicador esconde un número increíble de anécdotas vitales que le hacen ser un tipo singular. Ha trabajado como mecánico, en una cooperativa, y como taxista, para finalmente convertirse en una de las voces más influyentes de la radio catalana y española. Empezó sin licencia y emitiendo de forma pirata y ahora mismo dirige uno de los grupos de comunicación más fuertes de nuestro país, El Grupo Tele-Taxi. A sus 60 años, este profesional adicto al trabajo, todavía sorprende a propios y a extraños ya sea paseándose con su Harley Davidson o congregando a más de 800.000 personas en Can Zam, lo que supone llenar ocho veces un recinto como el Camp Nou.
Aterrizó en Catalunya un noviembre de 1967 y se siente un catalán más. Está agradecido a la tierra que le ha visto crecer como profesional y como persona y asegura que "en Catalunya he aprendido a querer mucho más mi tierra, igual que les ha pasado a otros andaluces, gallegos o extremeños". Hace año y medio pasó uno de los momentos personales más duros de su vida. Un quiste en la cola del páncreas se complicó en el quirófano y le mantuvo 22 días en la UCI. No tiene cáncer, eso es una mentira inventada que quizás le ha hecho más daño que la intervención en sí. Está en plena forma y ha extendido sus tentáculos al mundo de la televisión. Hace dos meses que ha empezado el año y ya ha recibido un premio, el Premio FAC a los Medios de Comunicación por la Federación Andaluza de Comunidades con motivo del Día de Andalucía. Se enciende la luz roja, habla el Justo más sincero y directo de los últimos años.
-Dicen de usted que es una de las personas con más influencia en Catalunya. ¿Se lo toma como un elogio?
-Me lo tomo como un elogio, lo que pasa es que no es verdad. Para uno soy una cosa, para otro seré otra cosa. Yo soy justo, además de nombre, lo intento ser también en mi proceder, así que no le hago excesivo caso a este tipo de comentarios.
-Llegó en 1967 en Catalunya. ¿Por qué eligió esta tierra?
-Fueron mis padres. En aquella época en Villanueva de Córdoba era fácil irse a Suiza o Alemania, Madrid o Barcelona. Aquí había un hermano de mi padre, yo había estado trabajando en una cooperativa, y cuando vino otro invierno me negué a trabajar de nuevo en la cooperativa, porque aquello era un matadero de personas. Estaba a punto de cumplir 18 años y le dije a mi padre que o nos marchábamos o no seguía allí. Mis padres creyeron que se podría fragmentar la familia y antes de que eso sucediera se pusieron en contacto con su hermano que estaba en Barcelona y cogimos un piso de alquiler.
-¿Cree que la suya es una historia de constante superación?
-Sí, es que no entiendo la vida de otra manera, y no en mi caso, sino en el caso de cualquier otra persona. Cualquier persona que pretenda llegar a ser feliz en su trabajo tiene que superarse día a día si lo que quiere es tirar para adelante.
-Usted empezó sin licencia, emitiendo de forma pirata en 1982 y actualmente tiene 28 frecuencias de radio analógica, entre otras cosas. Eso es mucho más que un golpe de suerte…
-Sí, empecé sin licencia y así llegamos al 29 de diciembre del 86 que nos cerraron la emisora.
-Fue la Guardia Civil y no había ni tres, ni cuatro ni cinco agentes…
-(Ríe). Vinieron muchísimos, curiosamente el día siguiente de los Inocentes, pero no era una inocentada, no.
-¿Pasó miedo esa noche?
-No, lo que pasa es que se me rompieron muchísimas ilusiones que tenía puestas, también para mucha gente que me había seguido y que confiaba en mí y es ahí cuando piensas que has fallado a todo el mundo de golpe. Recuerdo que estuve tres días sin salir de la emisora porque no me veía capaz de salir de ahí, ¿a dónde iba si no? Era mi pasión, mi ilusión, mi hobby y de repente nos pararon y yo no lo entendía. Fue la primera y la última vez que el Gobierno de Madrid se atrevió a cerrar una emisora de radio, Radio Tele-Taxi fue la única. Me quedé con una cara de gilipollas y a partir de aquello mi vida cambió radicalmente.
-Dice que es su pasión pero empezó realizando otros oficios como mecánico y taxista. ¿Cuándo se enamoró usted de la radio?
-Mi oficio en Villanueva era el de mecánico, vine aquí a Barcelona y empecé a buscar trabajo y encontré trabajo de mecánico aunque las cosas estaban muy mal. Ahora las cosas también están mal, pero en el 67 hubo una crisis enorme, los bancos habían cerrado los créditos y no había manera de encontrar nada. Finalmente, encontré trabajo en talleres Domènech que se encargaba de reparar coches de competición. Trabajé también en la Renault e hice la mili en Sant Climent de Sescebes. Gracias a algunos contactos compré un taxi y alquilé una licencia y cuando acabé la mili empecé a trabajar de taxista durante 13 años.
-La radio todavía no ha aparecido en su vida señor Justo…
-No, eso durante la época de los Mundiales de Fútbol del 82 que iba a ser un acontecimiento importante para la ciudad. Pensé que si venía tanta gente se podían perder muchos objetos en el taxi y se podía montar una emisora de radio que estuviera orientada a recuperar objetos o cosas perdidas en los vehículos. Estábamos en una empresa de taxis con radio teléfono y pensé, montamos la emisora, anunciamos el taxi y tendremos más trabajo. Fui hablar con Narcís Serra, que era el alcalde de Barcelona, y le pareció una idea genial pero no tenía potestad para dar licencias de emisoras de radio así que me fui un poco decepcionado. Con el paso de los días, pensé, ¿y por qué no la monto pirata? Creía que era una buena idea y cuando me la cerraran ya habrían pasado los Mundiales.
-Y usted que es más cabezón que nadie acabó montando la emisora…
-Sí, empezó a funcionar pero en ningún momento había pensado en estar yo delante del micrófono. Había un compañero taxista que hacía las mañanas, otro que hacía las tardes y la emisora iba funcionando. Por la noche en principio la parábamos hasta que encontré a otro compañero que empezó a hacer las noches. No hacíamos publicidad, no cobrábamos y era todo de forma gratuita. La música era la que teníamos en casa o en el coche. Cuando pasaron los Mundiales, el chaval que trabajaba por la mañana me dejó colgado y me puse a hacer el programa yo. Y así fue como nació Justo locutor, un poco obligado por la situación.
-¿Cómo afrontó ese nuevo cambio en su vida?
Empecé a poner la música que me gustaba, empezó a llamar gente y así llegamos a finales del 82 cuando la Guardia Urbana nos avisó de que un compañero taxista se había matado en un accidente con sus dos hijos. Fuimos a decírselo a su mujer y fue un auténtico trauma. El entierro costaba 470.000 pesetas pero la mujer no tenía ese dinero. Al día siguiente dije por la emisora lo que le había pasado a este hombre de Badalona y en media hora ya teníamos el dinero para enterrar el compañero. Aquel fue el primer input de que había gente detrás de la emisora. Me ilusioné con que eso podía ser una realidad y vendí el taxi y la licencia. Con aquel dinero hicimos unos estudios grandes y montamos una emisora para dedicarnos de forma más profesional, hacer publicidad, y fue un momento en el que el EGM nos daba mucha audiencia, hasta que llegó el fatídico 29 de diciembre de 1986.
-Usted pudo tirar adelante y la emisora sigue siendo un éxito con la misma base que utilizaba en el interior del taxi…
-Sí, exactamente la misma. Poner la música que nos gusta y que la gente participe de ella y de nuestro programa. Es la misma fórmula del principio pero lógicamente adaptada a los nuevos tiempos.
-Si Justo Molinero se ha diferenciado de alguien en este mundo radiofónico es por su increíble poder de convocatoria. ¿Es consciente de los pollos que ha montado?
-Sí, está claro que no es lo mismo que tu digas algo en un sitio en el que no te escucha nadie que lo hagas en nuestra emisora que escucha mucha gente. Procuramos no engañar nunca a nadie, no anunciar nada que no sea verdadero o cosas con que la gente se pueda quedar descontenta.
-Hablemos de Can Zam, cuya última edición fue en 1997. ¿Cuántas personas ha logrado reunir en un festival de la canción como este?
-Hemos llegado a tener hasta 800.000 personas, depende de la edición. Son 21 hectáreas de gente llenas a rebosar y significa bloquear todos los accesos, no solamente de Santa Coloma sino de Barcelona y de alrededores.
-¿Por eso lo dejó?
-No, lo dejamos por un proyecto muy bonito que había en Can Zam y que era urbanizar esa zona y que llegara el metro. Ya no había sitio donde hacerlo así que paramos a ver qué pasaba hasta ahora. Nos vamos a replantear el tema, aunque de otra forma, porque la gente que escucha la emisora es también otro perfil, así que hay darle todavía alguna vuelta.
-Déjeme ser malo. ¿Habrá festival en 2010 en el Fòrum?
-No, parece que lo que se hace en el Fòrum no funciona, y me da un poco de miedo. Creo que el Fòrum fue mal parido y creo que acabará siendo lo que es. Me lo he planteado alguna vez pero antes iría a la recta del Estadio de Montjuïc que al Fòrum que no me gusta.
-¿Este año?
-No, este año no habrá nada (sonríe).
-Deje que le haga un poco de abogado del diablo. Hay gente que cree que su radio es un gueto que da cobijo a personas que no se adaptan ni quieren adaptarse a la cultura catalana…
-Si algo tenemos libre, y no solamente aquí, es el pensamiento. La gente puede pensar libremente lo que quiera. Creo que yo me examino día a día con mi gente, todas las cosas que se hablan se hacen desde el desconocimiento y eso es lo peor que una persona puede tener. La verdad es que no le hago mucho caso a esta gente porque es muy fácil justificar las cosas de los demás tirándolas al suelo más que construyendo. Tengo el reconocimiento de muchos catalanes, sé que Catalunya es una tierra que me ha abierto las puertas, me ha permitido desarrollarme como persona, hacer lo que me gusta. Tengo a Catalunya como a mi tierra, los que piensan lo contrario no los tengo en cuenta porque son tan pocos que ni los veo.
-Pone música en catalán y habla catalán en su programa, eso lo puedo corroborar yo mismo…
-Sí, pongo música en catalán, hablo en catalán en la medida de mis posibilidades, hablo en catalán en mi casa, con los amigos que me quieren, me gustaría que hubiera más gente que lo hablara para que esto fuera una realidad. Creo que hoy es la hora del catalán.
-¿Qué quiere decir con eso?
-Que el paso ahora lo tienen que dar los catalanes. Muchas veces me pongo a hablar con ellos en catalán y en cuanto se me escapan dos palabras en castellano me cambian el idioma. El catalán es excesivamente educado, y en consecuencia, nos está haciendo un mal beneficio, porque automáticamente pienso que me cambia al castellano porque lo hablo mal. Hablar se aprende hablando, lo fácil sería que el catalán no cambiara su idioma si habla con alguien que lo entiende aunque sea castellano.
-¿Qué piensa como comunicador que otros compañeros suyos de profesión digan que aquí se persigue al castellano después del argumento que me acaba de exponer?
-Pero eso no lo dicen los comunicadores de aquí, estamos otras vez en lo mismo, desde la ignorancia se dicen tantas barbaridades que no vale la pena hacerles caso. A veces oigo hablar a Federico Jiménez Losantos y pienso, ¡madre mía, este hombre está dibujando un contexto que no existe! Y hay otras emisoras que llegan aquí desde España y que están dibujando una Catalunya que no es real intentando meter cizaña…No me gusta, evidentemente.
-¿Su militancia con Convergència i Unió le ha perjudicado en algún momento de su carrera profesional?
Tomé una determinación hace mucho tiempo, creo que hay que ser agradecido, y a mi me ayudaron a tirar para adelante y me dijeron que había que dar el paso. Sintonizo mucho con ellos porque aprendí la letra del himno andaluz en Catalunya. A mi me enseñaron en Catalunya con aquel Gobierno a querer a mi tierra, como muchos otros extremeños, andaluces o gallegos. ¿Cómo? Viendo como otros querían la suya y la defendían. Siempre les voy a estar agradecido. Esta militancia no es algo ni que me haya cohibido ni prohibido a la hora de manifestar mi opinión y formular mis deseos en voz alta, sean cuáles sean.
-Su admiración por la figura de Jordi Pujol tiene algo que ver con las 28 licencias que tiene el imperio Tele-Taxi?
-No, porque las licencias que tenemos no las tenemos desde el Gobierno de Pujol. En su momento, en 1991, el Gobierno de la Generalitat nos dio la de Rubí, algo que sí que tengo que agradecérselo a él, pero no nos dieron ninguna más. Varias son compradas, otras son gracias a pactos que tenemos con otra gente y otras que nos concedió el Consell del Audiovisual.
-Hace poco decidió dar el salto a televisión, ¿cómo se encuentra presentando en este medio?
-El temor de dejar un día todo lo que tenemos me hizo crear la televisión, y así nacimos en la tele. Yo soy de radio, no de televisión. Si pudiera, dejaría la televisión, pero estamos inmersos en una vorágine y vamos a seguir adelante.
-Intentaron poner porno por la noche pero se lo quitaron. ¿Entendió la decisión?
-Bueno, este país es así de raro. Se puede poner una película en la que el niño le pegue al padre, o se puede ver un anuncio contra el tabaco en el que un tío la pone la bragueta a una chica y lo ve bien todo el mundo, pero no se ve bien que por la noche se ponga una pareja que hace el amor. Hubo señores que dijeron que no se podía poner. En cambio, otras empresas que llegan con porno desde Madrid, no cumplen con las competencias que tienen que cumplir. Somos catalanes para que nos apliquen una legislación que en Catalunya no se le puede aplicar a los de fuera. Este país es un poco raro, pero bueno, seguiremos haciendo el amor a escondidas, como si fuera tabú.
-Con todo el cariño Justo, y si quiere no me responda, pero sé que hace dos veranos usted lo pasó mal personalmente, hasta el punto de que muchos oyentes ya le daban por muerto. ¿Qué pasó para que corriera ese bulo?
-Tenía desde hacía tiempo un dolor en el costado que no se me quitaba y hablé con una doctora que me estuvo mirando, me hicieron unas pruebas y me encontraron que tenía un quiste benigno en la cola del páncreas. Me ingresaron con el Doctor García Valdecasas, me intervinieron, pero aquello se complicó porque se me infectó la sangre y así estuve en la UCI 22 días, hasta que me pusieron la prótesis que ahora tengo. Estoy recuperado y perfecto. Considero que he vuelto a nacer y valoro más lo que tengo.
-La palabra cáncer fue un bulo que le salpicó…
-Sí, lo sé, pero no hay nada de eso, afortunadamente.
-Viendo el ritmo que lleva no sé si le afectará esto de la jubilación a los 67 años. ¡Para usted es corta!
-(Sonríe). No, soy contrario a los sindicatos porque a mi no me afecta, ya que es a partir del año 59, pero quiero que la jubilación se haga a los 67 o más, porque si no no cobraré. Todo y sabiendo, que el abuelo va a tener que estar manteniendo al hijo y al nieto (Sonríe).
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